Por qué se mantiene la ansiedad: entender el círculo vicioso en el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

Las personas con TAG suelen presentar:

  • Preocupación constante sobre múltiples aspectos de la vida diaria
  • Dificultad para controlar los pensamientos anticipatorios
  • Hipervigilancia ante posibles amenazas
  • Sensación persistente de inquietud o tensión
  • Dificultades para la toma de decisiones
  • Tendencia a anticipar resultados negativos

Ahora bien, ¿qué elementos intervienen para mantener las preocupaciones y los pensamientos ansiosos? Algunos conceptos nos ayudan a entender: preocupaciones, intolerancia a la incertidumbre y vulnerabilidad.

La preocupación como proceso cognitivo

La preocupación puede entenderse como una cadena de pensamientos e imágenes con carga emocional negativa, relativamente incontrolable y orientada hacia el futuro. Frecuentemente, aparece bajo la pregunta “¿qué pasaría si...?”.

Este patrón cognitivo tiende a mantenerse en el tiempo, ya que la persona pasa de una preocupación a otra sin lograr resolverlas de manera efectiva.

En el TAG, este proceso se intensifica: las preocupaciones son más frecuentes, duraderas e invasivas que en la población general, y se acompañan de una marcada sensación de falta de control.

Acá podés entender un poco más sobre el Trastorno de Ansiedad Generalizada

El papel de la incertidumbre

Uno de los factores centrales en el TAG es la intolerancia a la incertidumbre. Las personas con este trastorno tienden a percibir como inaceptable la posibilidad de no poder predecir o controlar el futuro.

Paradójicamente, la preocupación funciona como un intento de reducir esa incertidumbre y generar una sensación ilusoria de control. Por ejemplo, preocuparse constantemente por un ser querido puede vivirse como una forma de “prevenir” un evento negativo, aunque en realidad mantiene y refuerza el ciclo ansioso.

Este fenómeno contribuye a lo que se ha denominado el “ciclo de la aprensión ansiosa”, donde la preocupación alivia momentáneamente la ansiedad, pero a largo plazo la intensifica.

Modelo cognitivo: vulnerabilidad y sesgos

Desde la perspectiva cognitiva, la ansiedad se relaciona con una percepción aumentada de vulnerabilidad. Esto implica que la persona se percibe a sí misma como incapaz de afrontar amenazas internas o externas.

Este estado se ve amplificado por sesgos cognitivos, tales como:

- Sobreestimación del peligro: se exagera la probabilidad y gravedad del daño

- Subestimación de recursos personales: se minimiza la capacidad de afrontamiento

- Dificultad para reconocer señales de seguridad

El resultado es una interpretación distorsionada de la realidad que perpetúa el estado de alerta y ansiedad.

Con estos elementos, ahora podemos explicar cómo se presentan los procesos auto-perpetuantes en la ansiedad.

La ansiedad como proceso auto-perpetuante

La persistencia de la ansiedad puede comprenderse como un círculo vicioso, en el cual distintos procesos interactúan para mantener e intensificar el malestar a lo largo del tiempo.

Una vez que la ansiedad se activa, tiende a sostenerse mediante varios mecanismos. En primer lugar, se incrementa la atención autorreferencial. Esto quiere decir que la persona dirige su foco hacia sus propios pensamientos, sensaciones corporales y conductas asociadas a la ansiedad. Esta hipervigilancia interna amplifica la percepción de los síntomas, lo que a su vez incrementa la sensación subjetiva de amenaza.

En segundo lugar, la ansiedad puede interferir en el desempeño en situaciones percibidas como exigentes o amenazantes. Por ejemplo, ante el desafío de hablar en público, la ansiedad puede provocar bloqueos cognitivos o manifestaciones fisiológicas (sudoración o temblores). La atención centrada en estos signos dificulta aún más la ejecución, reforzando la percepción de incapacidad.

Finalmente, la propia experiencia de ansiedad puede ser interpretada como peligrosa en sí misma. Es decir, la persona no solo teme a la situación externa, sino también a las consecuencias de sentirse ansiosa, desarrollando lo que se podría describir como “ansiedad ante la ansiedad”. Esta interpretación contribuye a intensificar la respuesta emocional y a consolidar el ciclo.

Conclusión

Este carácter auto-mantenido de la ansiedad nos señala que las intervenciones clínicas deben dirigirse no solo a los estímulos amenazantes, sino también a las creencias y valoraciones asociadas a los propios síntomas ansiosos, para interrumpir este circuito de retroalimentación. Comprender cómo funciona, especialmente el papel de la preocupación, la intolerancia a la incertidumbre y los sesgos cognitivos, es fundamental para su abordaje clínico y para el desarrollo de estrategias de intervención eficaces.

En CIC podemos ayudarte a identificar y regular tu ansiedad.